Soy feliz.
He nacido así, no puedo hacer nada para cambiarlo,incluso en la más negra renegra negrura siempre veo aparecer un rayo de luz.
Cuando todos piensan que alguien esta perdido o que ellos mismos están perdidos, siempre logro ver ese destello. Pero en ocasiones, mi implacable búsqueda no gusta a todo el mundo. En esos momentos no se porque lo hago, no se porque mi cuerpo actúa así ni tan siquiera si voy a conseguir algo con ello, pero lo hago. Después, cuando todo termina, recuerdo que hay personas que necesitan llorar con más frecuencia que yo.
Creo que todo empezó cuando, al nacer, no respondía a los cachetes del doctor y optaron por hacerme cosquillas. Desde ese día ha perdurado en mi esa ingenuidad, esa inocencia que brota cada vez que sonrío. En mi infancia me encantaba jugar, correr, gritar... volverme loco en un mar de risas cuando mi hermana jugaba conmigo. Perdía la ilusión cuando le marcaban un gol a ese rollizo niño que era y la recobraba al instante dando un pase definitivo. Podría estar sumido en arenas movedizas ante una muerte segura y solo conseguiría salir de allí para seguir siendo feliz. Eran buenos momentos, pero igual que para mucha gente hubieron cosas que me hicieron cambiar.
Supongo que me resulta más fácil despertarme sonriendo, aunque de mayor esté plagado de arrugas y tenga patas de gallo de tanto sonreír.
Soy feliz.
