sábado, 7 de mayo de 2011

Dulces de leche

Porque en principio tengo ganas de enamorarme, de evocar tiempos lejanos en los que una sonrisa me duraba décadas y un abrazo siglos,
y ahora no recuerdo ni los que eran ni los que fueron.
Porque intento comprender esta atmósfera que me rodea y no encuentro la puerta, la salida de emergencia esta cerrada con pestillo desde fuera, y el encargado de abrirla se ha largado sin más.
Por donde empezar que no sea el típico principio que siempre da inicio a la repetición, al vertiginoso remolino de sensaciones que me impregnan al comenzar a hablar y dejarme llevar, al pensamiento de que esto pueda repetirse.
Enamorarse, complacerse a uno mismo y al "afortunado" que en tu camino se cruce esa noche.
Un dulce de leche que brilla por su dulzor y que después es recordado por lo pegajoso y difícil de quitar de estas manos

miércoles, 20 de abril de 2011

Han pasado tres semanas y supongo que es así como debo ver las cosas.
No es mundo de color de rosa, más que nada porque pensaba que iba a ser de color fucsia pero la pregunta no es el color aunque las hubiese de muchos tipos.

Pienso que si hay un camino aun no lo he encontrado, pero me consuela pensar que estoy trabajando por llegar a el. Y me planteo si el no sucumbir a las pruebas y tentaciones ha merecido la pena, si ese trago de ron xatívico no debió de convertirse en litros y litros y una noche de lamentos en una de pasión.
Es tan pequeña la línea que no sabemos ni cuando la cruzamos, pero de momento mejor no romperla, con usarla de preservativo y evitarme enfermizos problemas ahora es suficiente.
Ha sido bonito preguntarme cosas junto a alguien, plantearme encontrar respuestas en largas conversaciones que, rara vez llegaban a algo. Estrees, nervios e indecisiones han poblado una época que no debió quedar en eso, y ahora me planteo si solo ha sido eso, un capítulo a resaltar en mi vida o algo más.
El tiempo dirá.
Esa es la respuesta de mi entorno pero no se si veo lo suficiente a través de este reducido diafragma y esta rápida velocidad que no me ha dejado ver la luz.
Dame segundos de calma, minutos de tranquilidad y décadas de divina indecisión injustificada.
Escusas están de más, no las hay, para que mentirnos. Nunca las hemos dado a nada y ahora... ahora vuelo y me zambullo en la divina paciencia de los que me rodean.
Desde mis hijas hasta mis oyentes me ven en carne y hueso porque los escenarios quedaron atrás. El teatro terminó cuando empecé a vivir.

Simplemente pretendo sentirme bien, ¿es mucho pedir? Tal vez si, pero, ¿qué más da?
Ahora diría que solo importo yo, pero realmente ahora empieza a importar todo.
Sentido ninguno pero ganas... ganas todas y más.

No conozco a nadie que lo halla dicho pero espero oírlo alguna vez:

"Apartaos, dejadme paso y no me frenéis. Es mi momento y el mañana no importa"

domingo, 27 de marzo de 2011

En una mano un cigarro, en la otra una botella

-Son como muñequitas que no se pueden levantar cuando caen- calada -La gente prefiere pensar eso y lo sabes-
- Más que la gente... yo diría, siendo más concreto, los que las temen, ¿no crees?-
-Bueno, la gente, quienes las temen, ¿qué más da?, el caso es que al final pensamos que la caída va a significar lo suficiente para ellas como para no volver a levantarse, al fin y al cabo son simples muñecas, es mejor verlas así- Largo trago.
-Entonces, según tu forma de pensar, llevo casado 6 años con una muñeca de trapo que, al caerse con su primer marido, lo único que ha hecho ha sido aferrarse a mi como a un clavo ardiendo pensando en que no se podrá levantar jamás. ¿Le ves la lógica a eso por alguna parte?. Las describes como a mentes maquinadoras que no quieren acabar sus días solas, esa forma de pensar te puede significar quedarte sin follar el resto de tu vida.-
- Bueno un polvo más o un polvo menos, creo que ya he follado todo lo que tenia que follar.-
- Tu y tu conformismo pasivo. Algún día te tragaras ese cigarro.-
- ¿Disculpa?, ambos estamos a la espera del mismo cardiólogo y me hablas de tragarme el cigarro? No soy yo quien lleva enganchado a esa botella toda la noche.-
- Podemos tirarnos toda la noche echándonos la mierda encima...- Largo largo largo trago - o acabarnos estos litros y tus cigarros y largarnos a casa. -
- Al menos a ti te espera tu muñequita en casa.-
- Tu preferiste verlas como muñecas y tratarlas como tales.-
- Tu hiciste lo contrario totalmente.





domingo, 27 de febrero de 2011

Velocidad, diafragma y sensibilidad

12 de la mañana y facilidades en un día nublado.
Buenas velocidades congeladoras, buena profundidad de campo con aperturas de diafragma de sobra y una sensibilidad mayor que la de la piel de un bebe. Calidad de sombras suaves con degradados que inspiran y atraen.
Podrá el fotógrafo hacer un ángulo aberrante siempre que caiga en gracia de los críticos ojos observadores. Incluso podrá monocromar la toma y hacer caer a los colores de la retratada en el olvido.
¿Era verde la blusa de aquella bella chica? ¿Tal vez azul? Nadie lo sabrá.
Incluso el ladrón olvidará esos detalles que de nada le sirven ya, habiendo obtenido esa nueva realidad en una toma, habiendo robado el color al rostro de aquella chica.



Salió de su casa aquella mañana y recorrió esas viejas calles hasta el café que a su tierra le recuerda. Olor a la Pampa.
Tomó el cenicero de una mesa cercana y encendió su cigarrillo mientras buscaba su libro con la mirada.
Comenzó a pasar las hojas del enorme libro. Hoja tras hoja, capítulo tras capítulo. Una maraña de nombres de personajes parecía fluir a su alrededor.
La humeante mezcla de café y leche condensada recorría sus labios y los hacia brillar.
Bebe, lee y sostiene el cigarrillo a la vez.
Las horas se iban sucediendo las unas a las otras. La luz la bañaba, mientras pasaba el tiempo, pero nada en ella cambiaba, tan solo el color de su pelo.
Pasaban personas a su alrededor.
Una mujer mayor daba de comer a las palomas, un indigente pedía dinero de mesa en mesa, una pareja discutía y, sin casi percibirlo, un ciclista atravesó la imagen y con su velocidad, un mechón de pelo de la chica se descolgó de detrás de su oreja y dejó al descubierto unos brillantes pendientes. Al menos tres llegué a contar antes de que, con un sutil movimiento, recolocase su cabello.
Nada le perturba.
Sigue con pasividad su desayuno, su lectura y su cigarro.
Es su momento, sin duda alguna.
Entonces, cuando bajó la guardia, cuando todo a su alrededor pasaba de largo, la encontré.
Tomé mi cámara y apunté directamente a la chica. Por un momento pude ver que se detenía el tiempo, incluso mis ojos se amoldaban al encuadre de esa escena.
La chica me estaba mirando fijamente.
Sus ojos verdes de cuyo color no me había percatado hasta ahora, me atravesaron. Acabaron conmigo en una milésima de segundo y allí estaba, la toma que toda una vida había buscado, y que ahora se iba a perder porque la chica desviaría la mirada, se acabaría el café y se marcharía.
Ya había bajado la cámara cuando la chica esbozó una sonrisa. Una lágrima escapó de mis ojos.
Levanté la cámara, encuadré e inmortalicé la perfecta sonrisa de esa chica. ¿Una chica? No, no era una chica, era un ángel que había decidido regalarme su rostro para siempre y ahora solo nos separaban una mesa, unos metros y un teleobjetivo.



lunes, 21 de febrero de 2011

Protagonismo

Corrían los años por delante de mí.
Me sentía un chico feliz.
¿Porque verle otra cara a las cosas? Podía vivir en ese mundo siempre y lo sabía.
Golpes de suerte recorrían mi vida como las llamas que queman un cuerpo envuelto en gasolina. Todo bueno.
Entrenaba, estudiaba, salía, bebía, trasnochaba, volvía a salir y quemaba todos los hígados que a mi alcance se ponían.
Llegaba un lunes y no razonaba, solo actuaba con tal de romper con todo lo que no fuese ofrecer algo nuevo a ese gran público que tenía.
El partido empezó el 27 de enero de 1990 y no iba a parar hasta que no recibiese mi gran ovación.
Y no amigos, ese público era caprichoso, cambiante e inesperado.
La sala se llenaba y se vaciaba como las cervezas en las noches de los viernes y la espuma subía, solo subía y seguía subiendo.
Que vida.
Una y otra vez. El cambiaba y yo me amoldaba. Dime si un camaleón ha sido en toda la historia capaz de hacer esto.
Maldito cabrón el que se ponía en medio, porque ser violento no era un problema, ser yo el cabrón para motivar a mi público. Sentirme rey de sus emociones.
Que fácil era.
Notar la sangre recorriendo mis venas. Filas de hormigas que formaban olas y me masticaban por dentro hasta que lo hacia.
¿Cómo iba a quedar impasible ante tales ocasiones? Nadie las aprovechaba pero estaban ahí.
Gozaba con eso a lo que muchos ponen nombre. Pero no lo tiene. Es una sensación, lo se, pero no se cual.
Solo se que tenía que viajar a la gran ciudad para sentirla, entrar en el meollo y poder mantenerme.
Ser el primero en algo, gozar con que la gente lo sepa y aun así seguir codiciando más.
Pero como todo ciclo del teatro, la temporada acaba, y ese público exigente quería obras nuevas.

Después de esos años, años que nunca iban a acabar, me di cuenta de que no podía refugiarme en eso toda la vida.
Dejé el mundo del espectáculo.
Me introduje en mí telaraña personal y fui catando nuevos escenarios.
Vaya... la gran ciudad, que lejos queda ahora.
Con sus luces, sus risas, sus aplausos...
La tentación de volver siempre estubo latente en mí. ¿Cómo no iba a estarlo habiendo tenido tanto poder? ¿Acaso importaba que no fuese real?
Mi currículum era enorme. El gracioso, el serio, el estudiante, el repetidor, el diferente, el común, el misterioso, el conocido...
Y con ese gran papel, ese gran extreno que suponía la ruptura con todo lo que antes había ofrecido a mi público, encontré la ruina, la desaprobación, y la desilusión de todos ellos.
En esos momentos el mundo cayó sobre mis hombros.
Por una vez las miradas me buscaban... pero a la espera de un leve rastro de mi nueva obra para poder abuchearla y cubrirlas con un manto de hortalizas.
Otros, en su desesperación esperaban encontrar mi regreso al mundo del espectáculo, pero el telón se había cerrado, y ahora conocían al destronado actor que ha salido ha la calle sin su máscara y ahora no sabía vivir sin actuar.

La vida es difícil cuando realmente no la has vivido.



Pero soy feliz

domingo, 6 de febrero de 2011

Como a un trapo.
¿Hay mejor manera de describirlo?
Un trapo que se usa para quitar el polvo de los muebles, para arrastrar esas cantidades abismales de ácaros que se acumulan mires donde mires, que se lucen al trasluz de los rayos del sol que entran por mi ventana.
Como un trapo.
Un trapo que viene siendo un trozo de tela rasgada de una vieja camiseta, una porción de una sábana desdichada que pasó de abrazar y dar calor a ser despiezada. De ser necesitada cada noche, cuando el frío atacaba sus delicados pies de porcelana, a ser un útil de limpieza, a quitar el polvo.
No más abrazos, no más calor.
Con suerte acabará siendo el traje de noche de una muñeca fulana que no será más que una mala y tosca imitación de la realidad a la que envolvía.
Nunca se piensa en que ese cambio pueda ser posible, nunca se piensa que cambio alguno pueda serlo, pero sucede.
Al caer en la antigüedad y la monotonía de un sentimiento, la tranquilidad que la comodidad brinda (y en el fondo nos engaña), me hizo tener imágenes en mi mente que no eran ciertas.
Imágenes que no me permitían comprender que el paso de sábana a trapo es mínimo, y las consecuencias incalculables.
Arriesgar lo que más aprecias por palabras. Condenar tu existencia por algo sin sentido. Degradarte. Hundirte en montañas de polvo y notar como la ansiedad que te provoca no te deja respirar.
Obstruye tus pulmones.
El aire que conocías ya poco parecido tiene con lo que ahora se precipita por tu nariz y boca.
Tus ojos quedan nublados y nada vuelve a ser lo de antes.
El polvo mancha tu corazón y lo oprime...
Pero lo peor viene en el instante en el que te paras a pensar en que, tal vez a ti te afecte todo esto, pero hay unos pies de porcelana que contaban con una caricia al ser tapados, y la decepción y la pérdida de ilusión son sentimientos que nunca se podrán limpiar.
Solo te queda observar como tiembla y busca sin fortuna con que resguardarse del frío, y tu solo puedes mirarla sin nada que poder hacer.

Pero soy...

martes, 11 de enero de 2011

Minutos Por Centimos

Y me persigue, día tras día, y no hay salida
noto el gélido aliento de todas las pesadillas,
De todo lo que se acumula y me roba espacio
soñar se hace un arte abstracto,

Y quiero amaestrarlo, para poder disfrutarlo todo
ahorrar cada minuto y no quedarme con el mono,
Pero tengo un todo que anteponer
mi vida queda en segundo plano, queda oculta en el ayer,

Llover ya ha llovido lo que tenía que llover
mis historias como estrellas se disipan al amanecer,
Y que hacer, no puedo hipotecarme,
no puedo estropearme, romperme y remendarme,

No puedo inventar remedios de lo irremediable
no puedo complacer mi ansia que es implacable,
Con mi impotencia tengo folios para rato
para mi demencia no encuentro ningún formato...




Pero Soy Feliz

lunes, 10 de enero de 2011

Fauna, Flora y Pelusa

Una camiseta K1X XXL, unas zapatillas Nike del 47, un manual de primeros auxilios, una lata llena de colillas, una tableta de chocolate Nestlé extrafino a medio y cuatro cucharas, dos de café y dos de sopa.

Les presento a la flora de mi cuarto, sin contar la fauna formada por la pelusa que crece en los rincones, y esos bichitos que parecen escarabajos pero no lo son.

He aprendido a vivir en armonía en este hábitat ya natural sin que nos hagamos daño, exceptuando las dos veces al mes que entramos en guerra, en las cuales debo extinguir alguna raza de camisetas, podar la pelusa y controlar la población de bichitos. Y me duele más a mí despojar a mi cuarto de su sensible población.

Pero creedme. Es preferible esa situación dos veces al mes a recibir ese pulcro fragmento de papel que espera en tu cama con esa inconfundible caligrafía, que te acompaña desde tu parte de nacimiento hasta la eternidad (a no ser que una persona de más de 50 cambie su letra).

De todos modos,surgirán nuevas razas, la pelusa retallará y estará en flor en unos días y la población de bichitos se volverá a disparar.

Llego a casa y con cruzar la puerta ya se que he hecho algo.

¿Estas ahí? Corazón, responde que correr toca. Avisa

al cerebro para que despierte y nos pongamos a trabajar.

¿Qué habrá pasado?

¿Habrán desaparecido las zapatillas Nike o el manual de primeros auxilios será ahora cenizas?

¿El chocolate se habrá convertido en alimento o... ¡oh no!, ¿o las cucharas habrán recobrado su brillo al ser lavadas y ya no serán especiales?

Hago una exploración rápida por todo el cuarto pero todo esta igual. Las zapatillas estorban, el chocolate crece, las cucharas huelen...

Sigo con la mirada un bichito que corretea por el suelo hasta llegar debajo de la cama donde la pelusa me observa con su desaturada y grisácea apariencia señalándo los pies de la cama.

Mis temores se confirman.

Comienzo a subir la mirada pero mis piernas tiemblan y huyo a la caja tonta con conexión web para evadirme, lo cual es inútil.

Reuno fuerzas y comienzo otra vez la ruta. Desde los pies de la cama comienzo a ascender por una textura extraña para mí, algo ha cambiado, la apariencia de mi cama no es la habitual:

Está hecha.

Mi frente esta empapada, mis manos temblorosas, mi corazón colapsado y mi cerebro derretido.

A mis ojos les toca cargar con el muerto (y nunca mejor dicho) de descubrir bajo la almohada ese pulcro fragmento de papel con esa caligrafía que tan bien conozco.



Pero Soy Feliz.