lunes, 21 de febrero de 2011

Protagonismo

Corrían los años por delante de mí.
Me sentía un chico feliz.
¿Porque verle otra cara a las cosas? Podía vivir en ese mundo siempre y lo sabía.
Golpes de suerte recorrían mi vida como las llamas que queman un cuerpo envuelto en gasolina. Todo bueno.
Entrenaba, estudiaba, salía, bebía, trasnochaba, volvía a salir y quemaba todos los hígados que a mi alcance se ponían.
Llegaba un lunes y no razonaba, solo actuaba con tal de romper con todo lo que no fuese ofrecer algo nuevo a ese gran público que tenía.
El partido empezó el 27 de enero de 1990 y no iba a parar hasta que no recibiese mi gran ovación.
Y no amigos, ese público era caprichoso, cambiante e inesperado.
La sala se llenaba y se vaciaba como las cervezas en las noches de los viernes y la espuma subía, solo subía y seguía subiendo.
Que vida.
Una y otra vez. El cambiaba y yo me amoldaba. Dime si un camaleón ha sido en toda la historia capaz de hacer esto.
Maldito cabrón el que se ponía en medio, porque ser violento no era un problema, ser yo el cabrón para motivar a mi público. Sentirme rey de sus emociones.
Que fácil era.
Notar la sangre recorriendo mis venas. Filas de hormigas que formaban olas y me masticaban por dentro hasta que lo hacia.
¿Cómo iba a quedar impasible ante tales ocasiones? Nadie las aprovechaba pero estaban ahí.
Gozaba con eso a lo que muchos ponen nombre. Pero no lo tiene. Es una sensación, lo se, pero no se cual.
Solo se que tenía que viajar a la gran ciudad para sentirla, entrar en el meollo y poder mantenerme.
Ser el primero en algo, gozar con que la gente lo sepa y aun así seguir codiciando más.
Pero como todo ciclo del teatro, la temporada acaba, y ese público exigente quería obras nuevas.

Después de esos años, años que nunca iban a acabar, me di cuenta de que no podía refugiarme en eso toda la vida.
Dejé el mundo del espectáculo.
Me introduje en mí telaraña personal y fui catando nuevos escenarios.
Vaya... la gran ciudad, que lejos queda ahora.
Con sus luces, sus risas, sus aplausos...
La tentación de volver siempre estubo latente en mí. ¿Cómo no iba a estarlo habiendo tenido tanto poder? ¿Acaso importaba que no fuese real?
Mi currículum era enorme. El gracioso, el serio, el estudiante, el repetidor, el diferente, el común, el misterioso, el conocido...
Y con ese gran papel, ese gran extreno que suponía la ruptura con todo lo que antes había ofrecido a mi público, encontré la ruina, la desaprobación, y la desilusión de todos ellos.
En esos momentos el mundo cayó sobre mis hombros.
Por una vez las miradas me buscaban... pero a la espera de un leve rastro de mi nueva obra para poder abuchearla y cubrirlas con un manto de hortalizas.
Otros, en su desesperación esperaban encontrar mi regreso al mundo del espectáculo, pero el telón se había cerrado, y ahora conocían al destronado actor que ha salido ha la calle sin su máscara y ahora no sabía vivir sin actuar.

La vida es difícil cuando realmente no la has vivido.



Pero soy feliz

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